jueves, 7 de enero de 2010











El ruido que comienza a llagar.



La mente que empieza a detonar.



La helada que se empieza a apoderar 



de los instantes 



que me daban bienestar.







Y el dolor se empieza a incrementar



dejando al llanto en segundo lugar.



Cuantas luchas tengo que ganar



para poder oxigenar


a las etapas que se han sabido quemar.







Quizás no supe ponderar

lo que alguien supo adiestrar.






Quizás no pude tolerar,

por el orgullo que me cuesta manejar.





Y ahora estoy 


en una infinita perpetuidad



de la que no me logro fugar,


a la que no logro enfrentar.





Lo único que pido


es un respiro para poder luchar,




para poder dejar de lamentar .





Y volver a experimentar


el privilegio de palpitar.







Lo único que pido

es un respiro para poder luchar,



para poder dejar de lamentar. 





Y volver a experimentar


el privilegio de palpitar.

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